El siguiente texto contiene un tema bastante importante, tomate el tiempo de leerla y sacar tu propia reflexión.
Ayer vi unos zapatos sucios; de inmediato se despertó en mi mente un pensamiento de juicio: ¡Qué mal, se ven terribles, les hubiera pasado por lo menos un tramito antes de venir a este lugar!.
Mi pensamiento duro milésimas de segundo, es todo ello que necesitamos para emitir juicios sobre los demás; pasado ese instante sucedió algo maravilloso que ahora suelo practicar: mire mis propios zapatos y pude ver que no estaban tan limpias como yo creía y pensé: ¡Qué mal, se ven terribles, yo les hubiera pasado por lo menos un trapito antes de venir a este lugar!.
Entonces decidí levantar mi cabeza y pide ver el resto del cuerpo y el rostro de quien los llevaba; su dueño se veía tan casado, sus manos maltratadas y su ropa desgastada; realmente todo en él estaba desgastado.
Le mire a los ojos y me encontré con una mirada muy triste, me conmovió profundamente; tome entonces la decisión de acercarme y hablar con el. Su alma y su espíritu se dejaban entrever a través de sus palabras; su día un tanto tormentoso y su mayor logro el haber llegado a este lugar sin importar en qué condición.
Tuve la fortuna de darle un gran abrazo, pero en verdad creo que fue el quien me lo dio; ahora podía darme cuenta que realmente sus zapatos estaban limpios considerando todo lo que había tenido que pasar y los míos estaban realmente sucios porque aun habiendo andado en caminos llanos y suaves, estaban opacos, descuidados, sucios en verdad.
Hoy me levante, corrí para hacer mis labores y a la primera oportunidad decidí lustrar mis zapatos mientras oraba por ese maravilloso hombre.
¿Y tu? ¿Te has mirado tus zapatos o te has quedado solo en mirar y juzgar los de los demás?
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